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Cuando la tierra tiembla:
el final de Urano en Tauro

Cuando la tierra tiembla: el final de Urano en Tauro

Antes de la selectividad tenía bastante claro cuál iba a ser mi camino: estudiar Administración de Empresas o incluso el doble grado con Derecho, y empezar a trabajar en una multinacional e ir escalando de posición con el tiempo. Psicología aparecía más como una posibilidad lejana, casi anecdótica.

Pero cuando llegó el momento de rellenar las opciones y enviar la solicitud, terminé colocando Psicología como primera opción. No sabría explicar muy bien por qué lo hice. Simplemente hubo una parte de mí que se inclinó hacia ese lugar. Y resultó ser la acertada, porque me gustaba, y mucho.

Lo que vino a continuación fue una vorágine de clases, artículos, libros y cursos que me permitieron empezar a entender quiénes somos y qué hacemos aquí, o al menos eso creía.

Fue un viaje de descubrimiento y crecimiento que, después de casi cinco años, llegaba a su fin. Tenía planes e ideas bastante claras sobre cómo continuar: a qué máster matricularme, a qué puesto opositar, cómo y cuándo. En definitiva, un sendero bastante sólido sobre cómo construir mi vida alrededor de aquello para lo que llevaba años preparándome.

Sin embargo, poco a poco algo empezó a tambalearse dentro de mí. La duda se convirtió en mi compañera habitual de los tés de la tarde, donde charlábamos sobre aquel futuro erigido y su posible materialización. ¿Era realmente esa la mejor opción para mí? ¿Y si terminaba encadenando contratos temporales y sueldos erráticos? ¿Podía vivir así, sin independencia financiera, sin la estabilidad profesional y personal que siempre había imaginado? ¿Qué pasaba si el futuro que había proyectado con tanta claridad simplemente no podía sostenerse en la realidad?

Intuía que estaba por llegar una época difícil y oscura, una etapa de cambio y transformación en la que tendría que tomar decisiones incómodas. Tendría que aprender a atravesarla lo mejor que pudiera o acabar perdiéndome en el proceso.

Dicho de otra forma: o bien buscaba algo que me diera la estabilidad que Urano, sin que yo lo supiera aún, iba a poner en cuestión, o bien tendría que conformarme con abrazar mi trabajo en el McDonald's más allá de los fines de semana.

Así que, casi sin darme cuenta, empecé a colarme en las clases de informática de quien hoy es el padre de nuestro hijo. Los cortes sagitales cerebrales pasaron a ser chips. Los patrones de comportamiento se transformaron en funcionalidades y flujos de usuarixs. La personalidad dejó de aparecer como una estructura psíquica para manifestarse en sistemas complejos de servicios que se comunican entre sí y dependen unos de otros.

Lo que al principio no era más que una curiosidad empezó poco a poco a tomar forma, hasta el punto de que acabé estudiando informática mientras terminaba la carrera de psicología.

Con los años, ese movimiento terminó convirtiéndose en mi camino: de la ingeniería de software al rol de engineering manager, del código a las personas, una vez más. Y cuanto más avanzo en este camino alternativo, más siento que estoy volviendo al punto de partida.

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Ahora, cuando Urano termina su tránsito por Tauro, entiendo que nunca fueron caminos distintos e independientes, sino etapas de un mismo proceso de transformación. El camino que retomo hoy no es el mismo que dejé atrás hace años, pero quizá yo tampoco lo sea.

Y quizá ese sea el verdadero impacto de Urano en Tauro: no cambiar el camino, sino la forma en la que lo recorremos; aprender a sostenernos en la incertidumbre mientras se reconfigura aquello que dábamos por hecho.

Un tránsito que no siempre se percibe como ruptura o caos, sino como una transformación silenciosa de nuestra relación con la seguridad, el valor y la estabilidad interna.
Tránsitos Urano Tauro Vivencia